Es evidente que, de unos años a esta parte, la presencia de los productos, y la marca Apple es cada vez más visible en nuestro entorno. Queda lejos la impresión de los equipos de Apple como objetos elitistas o que eran usados específicamente por un sector profesional concreto, como el caso de los ordenadores Macintosh para diseño editorial.
Parece que la opinión más extendida es que ha sido la innovación lo que ha llevado a la marca de Cupertino a popularizase. La lectura que hago de los hechos es algo diferente.
Para mí, ha sido el precio el factor determinante que ha supuesto que los productos “made in California” se hayan extendido hasta tal punto que en cualquier bus urbano nos encontremos a un estudiante tuiteando desde su iPhone, en cualquier parque, a un corredor subiendo el volumen de su iPod mientras trota o en el hall de un hotel a un comercial revisando un correo desde el iPad.
Si bien es cierto que la revolución tecnológica que ha supuesto la irrupción del iPhone en el mercado y, como heredero, la aparición del iPad (creando un nuevo segmento de productos como los tablets), han sido el mayor impulso para la marca, para mí, el factor determinante ha sido la entrada en el mercado tecnológico de gran consumo y hacerlo con un precio contenido.
El coste, tanto del iPhone, como del iPad están muy alejados de las grandes diferencias de precios a los que la marca nos tenía acostumbrados con respecto a la competencia y que mantiene en otros segmentos de productos como los ordenadores personales.
A pesar de que el iPhone supuso llevar a la manzana a las primeras portadas de los medios con un producto revolucionario y que repitió la fórmula con el iPad (con mayor éxito si cabe), el punto de inflexión con el que Apple dio un giro a su estrategia comercial y de producto fué la aparición en el mercado de un producto llamado iPod.
La revolución comenzó con el iPod
La aparición del iPod en escena permitió a Apple acceder al gran consumidor y poder enganchar a alguien a su marca, aunque fuese poseedor de un ordenador Windows. Como en otras ocasiones, Apple ponía a la venta un algo “revolucionario”, atractivo y esta vez asequible (aunque no tanto en sus primeros modelos). Fueron las siguientes versiones de iPod, los Nano y los Shuffle, los que dieron la posibilidad a los consumidores, por primera vez, de disponer de un producto innovador, cool y barato con el logo de la manzana integrado. Cuppertino empezó a ofrecer productos para público con casi cualquier nivel de poder adquisitivo.
La aparición del iPhone, ¿puedo tener el mejor teléfono del mundo?
Es evidente que la estrategia del iPod les salió bien. ¿por qué no intentarlo de nuevo? Lo intentaron y lo consiguieron. El iPhone se puso a la venta como el smartphone definitivo y rápidamente se convirtió en objeto de deseo tanto de los incondicionales de la marca, poseedores de equipos Macintosh, como de toda una legión de poseedores de iPods que se estaban convirtiendo en fans de los productos sencillos, bien diseñados y… asequibles.
La primera versión del iPhone (2G) no llegó a España, pero la segunda, de mano de Movistar, ponía en nuestras manos la posibilidad de disponer de el que en aquel momento era el mejor teléfono del mundo. Aunque los precios eran mayores que los de otros terminales y nos obligaba a contratar una tarifa de datos, el sistema de subvenciones a los móviles por parte de las operadoras permitía que mucha gente tuviese acceso al terminal. ¡Al mejor móvil del mundo!. Si lo pensamos un poco… ¿a qué podemos acceder que se pueda decir que es lo mejor? ¿podemos comprar el mejor coche, reservar el mejor hotel, vestir el mejor traje?
El impacto de aquel producto “revolucionario” (o no tanto), no sólo cambió el ecosistema tecnológico en el que no movíamos, cambió el paisaje, en el que ahora nos encontramos, con gente palpando pantallas con el dedo en cualquier esquina, cambió también el orden económico existente, en el que los grandes de la tecnología, ya no lo son tanto. ¿Nos acordamos ahora de Nokia o de RIM (Blackberry)?
Llega el iPad, y lo vuelven a hacer.
Tras la presentación del iPad, recuerdo los comentarios de Gurús tecnológicos que auguraban un fracaso estrepitoso para un producto que no era más que un iPhone grande. Fuera de lo irónico que pueda parecer que aquellos mismos Gurús hablasen maravillas de los Netbooks, que no son más que “PC’s pequeños” y terriblemente inservibles para cualquier tarea, de lo que no se daban cuenta es de que el panorama había cambiado años atrás.
El acceso a un producto Apple ya no era cuestión de decidir en una tienda informática entre un económico PC como el que tenían todos nuestros amigos y un carísimo y desconocido (e incompatible) Mac. La cuestión era que ahora se contaban por millones las personas que ya tenían un dispositivo Apple en sus manos y conocían la experiencia de uso del laboratorio de ideas californiano. Simplemente, el que no tenía un iPad quería uno, o al menos sentía curiosidad por probarlo. Ahora, además, podían hacerlo. Casi todos departamentos de informática de los centros comerciales antes copados, en exclusiva, por productos Windows tenían en ese momento, al menos, un espacio dedicado a Apple.
Es cuestión de precio.
Para ilustrar de alguna manera lo que ha motivado esta reflexión, muy personal, dejo una gráfica para visualizar de forma aproximada el precio de distintos dispositivos Apple frente a referencias de la competencia.

Aclaración a la comparación.
En ningún caso se ha intentado hacer una comparación exhaustiva, simplemente plasmar gráficamente algunos ejemplos. Se han comparado equipos similares pero no exactamente iguales. Uno puede tener más memoria que otro, o mejor procesador, pero en general son productos equiparables.
- Ordenadores portátiles
- Portátil Macbook Pro vs Portátil Sony Vaio
- Tablets
- iPad 2 16GB Wifi vs Samung Galaxy Tab 9′ Wifi
- Smartphones
- iPhone 4s 16GB vs Samsung Galaxy SIII












